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La Faena

La FAENA is a large site-specific collaborative project that took place during the scope of Art Week Mexico City 2020. The event took place in an accidentally queer cantina full of bullfighting memorabilia of the same name, located in the Historic Center of Mexico City. Ana Segovia’s obsession with an old large format painting that hangs in the hall led her to want to make her own. She understood the need for the reinterpretation of the original work in order to propose a new kind of masculinity, un-plagued by the toxicity of bullfighting culture. Ana and her collaborators understand the work as a farewell to machismo: a poem, a large floral installation and a party were all necessary elements to the ritual. 

Poem Bruno Enciso

Floral design Fernanda I. González Vega and Mario Rodriguez Jaramillo

Production Assistant Rocío Fernandez de Angulo

Florist Mario Arturo Aguilar

Carpenter Jose Alfredo Giles

Install Daniel Zuñiga

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Huapango Torero

 

Lola canta

 

Ana pinta

I

La noche cae en silencio,

La luna cuelga, cuelga allá lejos;

Se empiezan a acomodar

Las estrellas en el cielo.

 

Fue un día muy largo. Cuando el sol estuvo en su punto más alto se sentía casi insoportable. Caminar en el centro histórico de la Ciudad de México siempre implica un esfuerzo particular, y en días tan soleados como ese, además del cuerpo se cansan los ojos.

 

La noche cae en silencio como en silencio transcurrió el ocaso, sutil y rampante. Una vez que se han acomodado las estrellas ya puede uno voltearse la gorra, porque su luz, como la de la luna, no es molesta.

 

II

Y rumbo hacia los corrales,

Se ve al chiquillo que va resuelto,

él quiere torear un toro,

Su vida pone por precio.

 

Consiguió una rosa y le cortó las espinas porque quiere hacer un presente. Esa tela la iba a usar en su estudio pero la lleva consigo porque le han dicho que el blanco anuncia las intenciones de tregua.

 

Si el chiquillo va resuelto es porque ya ha decidido que los toros no le asustan. Quiere conocer el otro lado de la alambrada, caminarlo y esperar el amanecer en un lugar que no conoce.

Al toro con que se cruce le mirará a los ojos, mostrará sus intenciones de avanzar y

luego… no sabe qué va a pasar.

En eso consiste su toreo.

 

III

Silencio...

Los caporales están durmiendo,

Los toros, los toros en los corrales

Andan inquietos.

 

Silencio.

 

Los toros están despiertos.

Regularmente no se prestan mucha atención

entre sí. Cada uno se ocupa de sus propios

asuntos y les basta no estorbarse.

¿Será que la luna llena les impide dormir?

Brilla muy fuerte.

Se oye un ruido cerca de la alambrada y eso los inquieta. Algunos alzan la cabeza y otros

ponen más fuerza en las piernas.

 

El chiquillo va determinado y atento. Ha de ser cuidadoso: no tropezar con las rocas,

mantener la calma, no pisar alguna flor, no

hacer más ruido del necesario, y sobre todo,

no herirse con la alambrada.

 

Con la mano puesta en el espacio entre dos

púas, intuye que que algunos toros ya lo escucharon. Levanta el alambre, cruza la

cabeza y se encuentra con la mirada de uno

de ellos. Lo mira y no siente miedo.

 

La alambrada hace un chirrido mientras

vuelve a tensarse, luego se calla y otra vez hay silencio. Él vuelve a erguirse y sabe que el paso ya ha sido dado.

IV

Un capote en la coche

A la luz de la luna quiere torear.

Silencio…

 

Paso a paso se adentra en la faena. Avanza

firme con su capote blanco. A la luz de la

luna quiere torear, beber, hablar y bailar.

Paso a paso quiere afirmar la vida que le pertenece.

 

Silencio...

Un toro se le acerca.

 

V

Toro, toro asesino…

No voy a hacerte daño

 

-Bruno Enciso